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De correr el Maratón de Nueva York a correr por Central Park

13 noviembre 2012
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Lo cierto es que nunca me hubiera imaginado que esta crónica iba a ser de esta manera. ¿Cómo podía uno imaginarse que un huracán, en pleno mes de noviembre, iba a ser capaz de causar destrozos en una ciudad como Nueva York, hasta el punto de que iba a obligar a cancelar el Maratón? Bueno, pues estas cosas, como en una buena película americana de catástrofes, pasan. La mala suerte es que me ha pasado a mí. La buena suerte es que esto me obliga a volver.
Se daban todas las circunstancias favorables. 17 semanas de un entrenamiento muy intensivo en kilómetros. Tanto, que a quince días del Maratón una rotura en el cuádriceps casi me deja en tierra. Que me pasara en las semanas de tapering parecía un milagro, y con unas sesiones de fisio y medicación, listo para la carrera casi con la bocina sonando.
Un plan de alimentación que abracé con la intensidad propia de un converso, que me quitó 8 kilos y me dio una confianza tremenda.
Y, según todas las referencias que me daban, íbamos a peregrinar a la Meca de los corredores.
El lunes de la semana de autos pude ver por Internet la retransmisión en directo del huracán: una imagen fantasmagórica de una cámara, casi a punto de volar, que miraba el skyline, con el edificio de MetLife envuelto en lluvia. Es difícil creer que eso pase en un sitio como NYC, la sensación es de irrealidad. Pero quedaban seis días, no pasa nada.
Pese a las malas noticias (muertos, barrios sin luz, sin metro, gasolineras cerradas, manzanas anegadas, etc.) según pasaba la semana, el camino parecía despejarse. La organización aseguraba que el Maratón se correría, la agencia iba avisando de la apertura de los aeropuertos… En fin, que todo apuntaba a que el final en Central Park iba a ser el colofón de una aventura en la que, como en las películas de final feliz, sí, todos los problemas se arreglan al final.
No es fácil describir las sensaciones del viaje, en un avión lleno de corredores, con un solo tema de conversación.
Nueva York nos recibe de noche, frío, con muchas calles cortadas, con las noticias hablando de las zonas inundadas y barrios enteros sin luz. Pero en el Midtown, la mitad de Manhattan, donde está nuestro hotel, todo parece normal. Todo, salvo una grúa en lo alto de un rascacielos de más de 60 pisos que cuelga rota y amenazadora y que obliga a la policía a cortar dos manzanas.
Tras dejar las maletas, la primera visita es a Times Square, que en sí misma es un monumento al capitalismo, una declaración de principios de la sociedad norteamericana, creada para abrumar al que llega por primera vez.


El viernes está programado un rodaje de los corredores por Central Park, pero está cerrado. Desde fuera se ven muchos árboles arrancados de cuajo, y policía y operarios entregándose a fondo, así que corremos bordeándolo, más de cien españoles, que nos cruzamos con otros muchos corredores.
Después de la ducha, a la Feria del Corredor. Increíble cómo se puede manejar a tanta gente con tanta eficacia. No exagero que tendríamos delante de nosotros a dos mil personas, pero entramos a toda velocidad, y los trámites de recogida de dorsal son rapidísimos. A partir de ahí, a comprar.
Hay que tener mucho autocontrol para no sucumbir a la tentación. Sólo el stand de ASICS ocupa casi la mitad de la Feria. Y vaya precios. Pero también hay docenas de expositores donde se pueden comprar productos baratos, muchos en los que donar o comprar para ayudar a determinados colectivos (en el de los Bomberos perdí los papeles, he de reconocerlo) Allí todo parecía normal.
Tras dejar parte del patrimonio en la Feria, quedamos liberados para hacer turismo durante día y medio, hasta la carrera.


De Manhattan sólo diré que es fascinante. La gente es muy amable (al menos, a nosotros nos hablaban, preguntaban, nos ofrecían su ayuda para guiarnos) y el entorno está diseñado para impresionar. Merece la pena recorrerlo a pie, por barrios, con esa sensación de familiaridad o de estar metido en una película o en una serie de televisión.


Fue el viernes por la noche, al llegar al hotel, cuando nos dieron la noticia de la cancelación, de la que no teníamos idea porque nos habíamos pasado todo el día andando. Durante muchas horas tuve el pensamiento de que estaba soñando, y de que me iba a despertar y todo iba a volver a la normalidad.
Después de todos los sacrificios, del esfuerzo económico, el primer Maratón que se cancela. Y me toca a mí. A los cientos de españoles, a los miles de corredores de todo el mundo, nos iban a dejar sin correr.
Pues sí. Ahora bien, si yo hubiera sido neoyorkino, probablemente no habría querido que se celebrase. De hecho, todos los americanos con los que hablábamos nos decían que la decisión era la correcta, pero a destiempo. ¿Qué habríamos pensado si hubiéramos tenido aquí 106 muertos? ¿Y media ciudad semicolapsada por el agua y la falta de luz y de gasolina?

Por otra parte, imagino lo enormemente frustrante que hubiera sido el que nos hubieran avisado estando aún en España. Difícilmente habríamos comprendido, o creido, lo que estaba pasando.
Pero fue la presión de los medios, creo yo, lo que acabó por cancelar el Maratón. Pude ver un par de periódicos, y la agresividad contra el alcalde era  tremenda. En semana de elecciones, además. Sólo el argumento de no fastidiar a las 20.000 personas que llegaron de fuera de Estado Unidos hubiera sido válido para mantenerlo. Ahora la organización tiene un papelón ¿devuelve el dinero? ¿asegura plaza para los próximos años a los perjudicados? ¿Ni una cosa ni la otra por causa de fuerza mayor?
La agencia se portó con nosotros con una enorme profesionalidad. Recomiendo a cualquiera que, si ha de viajar a alguna carrera con Sportravel, lo haga con los ojos cerrados.
El domingo por la mañana los touroperadores convocaron a los corredores en Central Park. Cuando llegamos a la entrada de Columbus Circle, aquello parecía un aquelarre. Desde hacía ya un buen rato, miles de maratonianos estaban dando vueltas al perímetro interior del parque, casi 10 kilómetros, en un ambiente de euforia como el que sólo un corredor con hambre de asfalto puede tener cuando le sueltan por el circuito más famoso del mundo. A poco que se le parezca al Maratón de Nueva York, ya sólo por eso merece la pena vivirlo. Corrimos al lado de neozelandeses, japoneses, finlandeses,…en fin, gente de todos los paises, que parecía no acordarse de por qué había ido allí y estaba disfrutando de lo que más le gustaba, en la ciudad más fascinante de la tierra. Era una mezcla entre el ambiente de una San Silvestre Vallecana y la masificación de la Media de Madrid, pero en tamaño XL.


Varias horas más tarde, cuando pasábamos por el exterior camino de los barrios del norte para conocerlos, aún había corredores dando vueltas.
El resto del tiempo fue turismo. Pero el martes por la mañana, antes de volvernos, recién amanecido y a tres grados, salí a correr por el mismo circuito. Muchos otros habían tenido la misma idea, pero ya no era lo mismo, y yo ya estaba sólo. Era el momento que elegí para mí.
A lo mejor dentro de unos años puedo presumir de que estuve en la Maratón que no se corrió, y enseñaré la medalla que nos dieron para demostrarlo. Seguro, casi seguro, que podré presumir de haber corrido el Maratón de Nueva York, esta vez sí, y ojalá que sea el año siguiente.
Lo que me va a costar explicar son las sensaciones que uno tiene al correr por Central Park, una mañana helada de otoño, con un nudo en la garganta, dando gracias a Dios por estar allí y sintiendo el privilegio de ser la persona más feliz del mundo.

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9 comentarios leave one →
  1. *Pegasus* permalink
    14 noviembre 2012 21:47

    Ostrás, qué entrada tan buena. Imaginaba algo mucho más sombrío y deprimente. Has logrado experimentar el lado positivo de algo, teóricamente, catastrófico, y eso me dibuja una sonrisa en el rostro. ¡Cuánto me alegro, Juan! Al final, todo está en la mente, en cómo percibimos las cosas, en cuán víctimas nos creemos.
    Espero que el año que viene NY te reciba con todas sus galas y puedas hacer realidad ese sueño que este año has intuído.
    Un besote,

  2. 14 noviembre 2012 22:00

    Juan, decirte que eres único y el único al que he leido sacar algo positivo de todo esto. El día que me enteré de la cancelación, lo primero que se me vino a la cabeza fué ¡¡Juan!! pues era/soy consciente de tu ilusión por esta carrera, que refleja la ilusión de cuaquier corredor popular por correr NY. No he querido mandarte ningún mail hasta leer tu crónica, si te apetece quedamos una mañana en El Retiro o en la Cdc, nos damos una carrerita y charlamos tranquilamente de todo esto.
    Y veo que al final el lado oscuro de las compras te absorvió, je,je,je
    Un abrazo fuerte y lo dicho, estamos en contacto.

  3. 18 noviembre 2012 13:04

    Ja, ja,.. imagínate que hace diez años te dice una pitonisa:
    …Vas a correr maratones y vay a correr el maraton de NY.
    Pero no lo harás porque un huracán va a dejar la ciudad hecho mierda…
    Tiene guasa eh?

    De todos modos te envidio un huevo, me alegra mucho que lo disfutases.

    Un abrazo-G

  4. 18 noviembre 2012 13:10

    Jo-der que crónica!
    Otro abrazo_G

  5. Raúl (Korrecaminos) permalink
    19 noviembre 2012 03:30

    Gracias por compartir una crónica tan peculiar sobre una carrera que por desgracia no pudo celebrarse.
    Espero que la próxima vez sea la buena y disfrutes aún más de la fiesta del atletismo mundial.

    Un abrazo.

  6. 19 noviembre 2012 08:58

    Que bonita cronica. Enhorabuena!! Y que la vida te traiga muchos buenos maratones, aqui o en el lugar del mundo que elijas !! un abrazo y a seguir corriendooooo

  7. 5 diciembre 2012 09:14

    ¡Qué experiencia compañero! No la que esperabas, pero una gran experiencia: Me acordé de ti ese día.¿habrá que volver no?

  8. 31 diciembre 2012 15:23

    Juan, que no sabemos nada de ti. Da señales de vida!! Un abrazo y feliz año a toda la familia.
    P.D. ¿¿Nos vemos en los planes??

  9. Johne52 permalink
    23 septiembre 2014 16:02

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