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Crónicas desde el Lado Oscuro, I. Clásica de San Sebastián, 17 de Octubre de 2010

21 octubre 2010

Así como el Senador Palpatine arrastró lenta, silenciosa, sibilinamente a Anakin Skywalker al Lado Oscuro de la Fuerza, mi amigo Carlos ha caído en algo que se le asemeja, y ya se sabe que no hay nada más extremo que un converso.
Por eso le he propuesto abrir una sección con sus crónicas con este nombre, y ya se puede ver que el alumno (él) va en camino de superar al Maestro (Yo) en rendimiento deportivo, comportamiento friki y calidad de las crónicas.
Porque su primera aportación al blog es acongojante, y se pone la piel de gallina al leerla. Yo me he limitado solamente a corregirle las faltas de ortografía, por lo demás, ya se puede ver que la Fuerza que le acompaña no es oscura pero sí muy, muy poderosa.
Aquí está.

La verdad es que nunca pensé que mi primera aportación al mundo 2.0 versaría sobre mi participación en una carrera. Mi vida no se ha caracterizado por ser un ejemplo de activismo deportivo. Lo más destacado son una raqueta de tenis que me regalaron en mi primera comunión y algún balón por ahí perdido (en el cole fui un portero destacado).
Cuando, hace cinco años y por motivos “oscuros” que algún día haré públicos, inicie mi afición (léase adicción) al golf, pensé que había culminado mi historial deportivo. Dos paquetes de cigarrillos y una “lucida” vida de ejecutivo adicto a trabajar 14 horas diarias justificaban “perfectamente” el no hacer ninguna actividad deportiva diferente a mis 18 hoyitos de golf cada fin de semana. Lo que no sabía es que en ese escenario de hombre maduro abocado a deteriorarse lenta pero “felizmente” iba a aparecer el “efecto Iñigo”. Iñigo es un maravilloso bebé de 10 meses que nació el 29 de Diciembre del año 2009. Hasta ahí, todo normal no?. Pues no, Iñigo nació con una malformación llamada mielomeningocele o espina bífida en su variante más grave. El diagnóstico inicial fue demoledor: silla de ruedas de por vida, válvulas en el cráneo para compensar la hidrocefalia crónica y un sinfín de patologías horribles. El mismo día de su nacimiento tuvo que ser operado de urgencia, durante más de cuatro horas, para intentar reparar en lo posible su malformación. Desde el primer momento fui consciente de que mi vida había cambiado para siempre, lo que no sabía en ese momento es que el cambio iba a ser a mucho mejor.
Una de las noches en las que abandonaba desolado junto a mi mujer la UVI infantil del hospital hice una promesa, dejar de fumar si Iñigo salía del hospital en un estado “aceptable”. Y dicho y hecho, Iñigo abandonó la UVI dos meses después de nacer no bien, sino muy bien. El pronóstico había cambiado radicalmente y la silla de ruedas parecía descartada, no había válvulas en su cabeza y los médicos hablaban de “milagro”. Dados los hechos, sentí que dejar de fumar era un acto insignificante en comparación con lo que la vida me estaba ofreciendo por lo que en un alarde de “hombría” prometí a Iñigo empezar a correr con un objetivo concreto: correr la Behobia-San Sebastián. ¿Por qué la Behobia? Mi mujer es Donostiarra y siempre había escuchado historias épicas de aquello que para mí sólo era una carrera de “muchos kilómetros” que los “locos” Guipuzcoanos hacían una vez al año. Mi mujer me dijo que era imposible, que estaba loco pero que de todos modos me apoyaba aunque desistiera en el camino (¿tan duro iba a ser?).
Por aquella época, mi amigo Juan ya me había contado sus historias de las carreras, sus San Silvestres y medias maratones, por lo que pensé que podría ser un buen mentor. Así fue, con una paciencia digna de elogiar y con una psicología digna de envidiar me escuchaba las charlas eternas acerca de las dudas de cómo entrenar, cómo era el equipo ideal y demás “tonterías” de novato. El destino quiso también que por gracia de las redes sociales me reencontrase con una antigua amiga a quien hacía más de 15 años que no veía y que, casualidad, era una experta runner que había corrido la Maratón de Nueva York, Tokio, Amsterdam y otras grandes ciudades. GRACIAS MAR, GRACIAS JUAN ¡todo lo que voy a contar a continuación no hubiese pasado de la misma forma sin vuestra ayuda!
Las primeras semanas fueron durísimas, el día que fui capaz de completar los 3 km sin parar fue un acontecimiento. Os podéis imaginar que empezaba a entender que la Behobia no era algo sencillo, fueron muchos los momentos en los que estuve a punto de tirar la toalla. Pero como siempre, aparecía el efecto Iñigo, bendito efecto. Pasaban las semanas también para él y la mejoría aumentaba y con ella mis ganas de llegar a la Behobia listo para rendirle homenaje.
El primer GRAN reto fue la carrera del Rock & Roll, con Juan y con Mar de “protectores”. Mi marca de risa, más de 1 hora y 10’ en recorrer los infernales 7,8Km. Ese día descubrí que estaba entrando en un mundo del que no iba a ser fácil salir, ya había caído en las garras.
Juan y Mar me seguían animando y así fui capaz de alcanzar mis primeros 10 km una mañana de junio, esa mañana me sentí más vivo que nunca y el momento de entrar en casa y mirar a Iñigo sabiendo que todo era “culpa suya” quedarán en mi memoria eternamente.
El verano trajo entrenamientos gloriosos por la playa de la Concha y conversaciones apasionadas con mi mentor acerca de las carreras que venían por delante: San Agustín de Guadalix (mi pueblo) en Septiembre, Madrid corre por Madrid, etc., pero mi mente giraba y giraba en torno a una fecha, el 17 de octubre. Ese día se corría la “clásica de San Sebastián” 15 km por las calles de Donosti que para mi representaban la prueba de fuego. Estaba convencido de que si terminaba la clásica sería capaz de llegar preparado a la Behobia.
En San Agustín sufrí de lo lindo y los 10km de sube y baja se hicieron eternos, ¡1 h. y 5’ de eternidad! La Madrid corre por Madrid, con Juan de liebre, supusieron mis primeros 10 km. por debajo de la hora. Pero el gran reto estaba por llegar, la Clásica seguía estando presente en cada segundo de entrenamiento.
Y por fin llegó el día 17 de octubre, y tras el madrugón de rigor me vi rodeado de toda mi familia (Iñigo es el tercero de la estirpe). Estaban más emocionados que yo y la mirada de mi mujer delataba su felicidad y orgullo. En los minutos previos a la llegada a San Sebastian me sentía en una nube, todo pasaba a cámara lenta y todos los malos momentos vividos en los últimos meses se fundían con una felicidad inmensa por estar a punto de culminar el primer gran reto de mi “promesa personal”.


La clásica es impresionante, Primero los patinadores, ¡que velocidad!. Después las personas con discapacidad, ¡que ejemplo de vida!. Tras ellos y a pocos minutos de dar la salida, el ambiente era impresionante. El nivel deportivo del Norte es “otra dimensión” y el pulsómetro mostraba cómo, sin haber comenzado a correr, la emoción me aceleraba el corazón. Luego todo fue muy rápido, el speaker, los gritos de los corredores, la gente animando y de repente estaba corriendo entre la gente camino de mis primeros 15km. en carrera. La lluvia era intensa por lo que, a pesar de que la temperatura no era excesivamente baja, la sensación térmica era muy desagradable. A little less conversation cantada por Elvis me hizo “volar” durante los tres primeros minutos. A partir de ese momento empecé a “controlar” las pulsaciones entre 155-160 para asegurar llegar al final con garantías de éxito. Los kilómetros iban cayendo y poco a poco fui entrando en un estado de felicidad sufrida, ya que por una parte estaba convencido de acabar, pero era consciente de que la marca no iba a ser para presumir. Mis primeros cálculos proyectaban 1:40, decepción. Kate Perry me tentaba con sus ritmos juveniles a apretar un poco más. El pulsómetro me hacía recordar que lo importante era llegar para estar psicológicamente preparado para la Behobia.

Entre el km 9 y el km 11 sufrí, mucho. Al pasar por la marca del km. 11 me adelantó un corredor, con un ritmo que parecía “rápido pero cómodo” y Angus Young y Thunderstruck hicieron el resto. Me pegue como una lapa a él y sin darme cuenta me llevó hasta la entrada del Estadio de Anoeta.
La gente gritaba, mi familia al completo en la Grada y yo a punto de “cumplir”. Apreté los dientes y corrí por el estadio como si la prueba fueran los 100 m. lisos clavando el crono en 1:31.
Dentro de cuatro semanas nos veremos en Behobia y cuando el primer pie de la primera zancada en busca de los 20 km. que me habrán transformado definitivamente como persona, no os quepa la menor duda de que solo habrá sitio para algo en mi cabeza. Exacto, el efecto Iñigo. Gracias, hijo.

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20 comentarios leave one →
  1. 21 octubre 2010 20:46

    Se hace raro esto de comentar en tu propio blog.
    Y yo que creía que corría en Donosti porque un día le dije en la oficina “a que no tienes huevos de hacer la Behobia”.
    Lo que son las cosas, y mejor así
    JUAN (Palpatine)

  2. 21 octubre 2010 21:16

    La fuerza es poderosa en ti joven padawan

  3. 21 octubre 2010 21:31

    Estoy emocionado, muy buena historia… me alegro por todo

  4. 21 octubre 2010 22:00

    Muy emotivo, además supongo que no se quedará en la Behovia, la verdad es que la motivación para correr puede venir de situaciones bien diferentes.Un saludo para Carlos e Iñigo y ánimos para continuar.

  5. Halfon permalink
    22 octubre 2010 06:48

    Desde luego la fuerza es intensa y no precisamente del lado oscuro. Una de las mas fuertes motivaciones que conozco.

    Será un honor compartir esa Behobia que ya tiene un nombre propio, Iñigo.

    Un fuerte abrazo

  6. 22 octubre 2010 07:30

    Se te pone la piel de gallina leyendo esto. Un abrazo enorme a Carlos e Iñigo.

    Nos vemos en la Behobia.

  7. 22 octubre 2010 07:47

    La verdad es que con relatos asía hay que abrir nuestra casa, nuestro blog. Increible.

  8. 22 octubre 2010 08:15

    He leído esto en mi despacho y he tenido que salir un ratín por la intensa emoción de estas palabras. La verdad es que se queda uno sin saber qué decir porque este es el relato de una persona para quien la vida ha cambiado para siempre. Y esas últimas palabras, “Gracias, hijo”, son las palabras con mayor fuerza y sentimiento que he leído en mi vida.

    Gracias por compartirlo con nosotros.

    Un fuerte abrazo!

  9. alex permalink
    22 octubre 2010 08:54

    Noto una fuerte presencia de la fuerza en él. Sin duda no hay más furibunda fe que la de el converso, que te voy a contar yo. Me ha encantado la crónica y la experiencia personal, es una historia preciosa y por cosas así me gusta este deporte.
    La Behobia nos espera.

  10. 22 octubre 2010 12:57

    Simplemente he quedado sin palabras!
    Vaya determinación y ganas, ese “efecto Iñigo” sin duda lo vale todo.
    bss
    Tania

  11. victor permalink
    22 octubre 2010 15:12

    Con los ojos humedecidos estoy… que emotivo. Gracias por compartirlo y todo la suerte del mundo para cumplir con tu reto.

  12. 22 octubre 2010 16:55

    Solo por post como este merece la pena mantener un blog y leer los ajenos.

    Un fortísimo abrazo.

  13. 22 octubre 2010 17:28

    Como la vida misma…. Hay que luchar siempre y creer en nuestras posibilidades… Es duro pero la vida es en si misma una lucha continua…. Es aquello de correr para seguir viviendo.. Felicidades…!!

  14. 22 octubre 2010 17:38

    Sólo puedo decir una cosa, tengo todos los pelos de punta. Mucha suerte para el día 14, aunque con esa motivación mucha no va a necesitar.

  15. saturnino permalink
    22 octubre 2010 20:36

    Carlos suerte en tu lucha; disfruta de la carrera, tú esfuerzo tendrá un bonito premio.
    Un abrazo.

  16. Miss Pegasus permalink
    23 octubre 2010 17:18

    Qué historia tan bonita y tan auténtica, Carlos. Qué motivación tan especial para ponerse por primera vez unas zapatillas para correr.

    Da gusto leer, y saber, que suceden cosas así. Sacar fuerza de la flaqueza, de lo que en un principio parecía un desastre.

    Estoy segura que la maravillosa mujer que tienes junto a tí cada día, apoyándote, e Iñigo, tu hijo, tu verdadera fuerza, van a ser testigos de grandes gestas en tu nueva vida de corredor.

    Dentro de nada podrás tener a Iñigo en la meta para acompañarte en los últimos metros, orgulloso de ver cruzar a su padre después de 10, 21 o, quién sabe, 42 km.

  17. 24 octubre 2010 06:48

    Genial Carlos, es admirable, el cambio que te ha supuesto Iñigo. Entiendes que cuando digo que las Limitaciones son Demonios que se Pueden Vencer, no estoy diciendo nada raro?.

    Enhorabuena y toda mi fuerza¡¡¡¡

    Ah y detallazo de Juan, jeje,

    Un abrazo a los dos.

    A Salto De Mata
    Viajeros Sin L?ite

  18. 27 octubre 2010 11:21

    ¡Carlos, amigo, para mí eres un ejemplo! Sabía de tu disciplina para conseguir las cosas pero, este post me ha dejado sin palabras y se me han escapado unas cuantas lagrimitas :-). Tu hijo se podrá sentir orgulloso del padre que tiene…y de que el “efecto Iñigo” sea tan bueno para él y para ti. Gracias, amigo, por el ejemplo y gracias a las redes sociales por es reecuentro.

  19. Raquel permalink
    28 octubre 2010 07:00

    Uffffffffffffff!!!

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