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Maratón de Nueva York 2013: Algo más que correr

6 noviembre 2013

Una vez en la vida. Al menos, una vez en tu vida. Si eres corredor, te lo mereces. Concédetelo. Como decía Isidro Gilabert, si hace falta que renuncies a algo para conseguir esto, hazlo. Hazlo, porque el Maratón de Nueva York te lo va a devolver con creces. Con la misma generosidad con la que la gente se lanza a la calle ese día por cientos de miles para hacerte sentir una persona especial.
He tenido que conocer en persona a Isidro Gilabert y a Manuel Robaina en la entrada de Central Park de Columbus Square en una cita casi improvisada en quince minutos a través de Twitter, al día siguiente del que probablemente ha sido el día más emotivo de nuestras vidas deportivas. Tres personas que antes apenas se conocían de nada, paseando de nuevo en los últimos metros del Maratón, con los recuerdos tan frescos, todavía un poco incrédulos y una media sonrisa que sólo puedes tener si has vivido esa experiencia.

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Las mejores reflexiones sobre el Maratón de Nueva York no son mías, se las he oído a compañeros con los que he compartido unos kilómetros o unos momentos tras la carrera. “A quien le cuente esto, no se lo cree”, me decía un corredor español subiendo por la Cuarta Avenida. Y ni siquiera sé si voy a ser capaz de contarlo, pensaba yo. “Y después de esto, ¿qué corro yo ahora? Todo me va a parecer demasiado pequeño”, comentaba otro en un corrillo en el hotel, mientras todos los demás asentíamos.
Todos los Maratones empiezan mucho antes. Pero en mi caso, éste empezó demasiado, debido a la cancelación de la carrera en 2012 debido al Huracán Sandy. Era como una herida que había que cerrar, casi un poco obsesivo. Y los días previos producían una sensación de dèja vú, o como si se hubiese parado el tiempo, y en especial el rodaje previo por Central Park para entrar en ambiente, con una lluvia fina pero temperatura primaveral.
Por si fuera poco, la Organización tuvo el detalle de regalar, a los que repetíamos, la camiseta y la medalla del año pasado, junto con un brazalete y una nota muy cariñosa. Algo para pensar en la distancia que aún nos separa aquí de esta gente, y porqué esto es más que una carrera, o un negocio, sino una experiencia personal, que creo es lo que todos vamos buscando.

Staten Island: “I wanna be a part of it…”
El madrugón infame y la espera larga, con un frío tremendo, forma parte del ritual, para hacer más épico el Maratón. Para nota la enorme capacidad logística de los organizadores para recibir, alimentar y mover a 50.000 personas. A los pies del enorme Puente Verrazano, al menos te entretienes viendo la capacidad de la fauna humana para diferenciarse de sus propios congéneres. Por encima de ti vuelan los helicópteros, cada vez más cuanto más se acercan las 9 de la mañana.
A partir del momento en que las distintas oleadas son llamadas a los cajones de salida, el tiempo pasa mucho más rápido, y en especial después del primer cañonazo. Se adivinan las cabezas de algunos corredores sobre el primer nivel del puente, que son jaleadas con gritos de ánimo por los que estamos abajo. Es una sensación rara, falta una hora para mi salida y ya hay miles de personas corriendo.
Cuando te quieres dar cuenta, estás en la salida escuchando el God bless América, y luego el tradicional New York, New York, que en mi oleada canta todo el mundo y que te pone los pelos de punta: ha llegado el momento.
Tras el disparo de salida, enfilamos Verrazano. La gente no va tan eufórica como podría esperarse, porque estamos a 2 grados y la sensación térmica es muy inferior por culpa de un viento tremendo, infernal, pero los primeros kilómetros por el Puente dejan las primeras imágenes espectaculares: a un lado, un helicóptero a apenas 50 metros, en posición estacionaria, en primer plano, con la vista de los rascacielos de Manhattan al fondo, así que lo que nos acompaña es un ruido ensordecedor, del viento y los motores; en el otro lado del Puente, barcos lanzando chorros de agua. Estamos en Nueva York y esto es su Maratón.

Welcome to Brooklyn
Es lo primero que leemos al salir del Puente. Lo hacemos en varios niveles, la carrera va separada desde el principio porque corremos por los dos pisos y entramos en Brooklyn cruzándonos, pero los primeros neoyorkinos se han puesto sobre una pasarela y nos dan la bienvenida con carteles y agitando los brazos; no podemos oírlos, pero les gritamos. Ya empieza a verse gente en las calles, pero nada es como cuando desembocas en la Cuarta Avenida. Nosotros, que hemos corrido en el nivel inferior de Verrazano, giramos 90 grados y nos incorporamos a la Avenida por la que ya vienen los corredores del nivel superior, y la imagen de una carretera larguísima, enorme, ancha, llena de gente, corredores en el centro y los vecinos a los lados. El estruendo es enorme. No, no es como nos habían contado. Es distinto, es mejor. Porque hay carreras donde te anima la gente en algunos tramos, e incluso algunas (léase Behobia) en las que hay mucha gente, pero es que aquí la gente te mira el nombre, te mira a los ojos y te grita con el pecho, y te grita fuerte, te dice de todo, te da de todo: pañuelos, fruta, te muestra las manos -y no sólo los niños- para que se las choques,. Sacan equipos de música, equipos de mezcla, todo tipo de instrumentos, los coros de las Iglesias se visten y cantan. Escriben frases ingeniosas en cartulinas, llevan fotos enormes de sus familiares y amigos corredores. Niños que ofrecen regalices, que montan su mesita con vasos de agua…. Estamos en Nueva York y esto es su Maratón.
El recorrido por la Cuarta Avenida debe extenderse durante unos ocho kilómetros, y es siempre así. Aquí es donde corro unos kilómetros junto con un par de compatriotas que tampoco salen de su asombro. El protagonismo es para un runner que lleva una bandeja con copas y una botella, así como para una novia presuntamente desairada que corría con velo.
Amigo, si corres en Nueva York, no vayas por el centro de la calzada ni mirando el reloj. Pégate a la gente y déjate llamar, y cuando les oigas, hazles un gesto que les devuelva la generosidad.

Queens: Go, go, motherfuckers

Según avanzas por estos dos barrios ves cambiar los estilos de las residencias y la gente, áreas con más gente de color, que son mucho más “musicales” (increíble un grupo de percusión y un coro gospel), o más bromistas, como los vecinos centro y sudamericanos, o incluso indiferentes, como el barrio judío, colectivo al que, sencillamente, le trae al pairo esto del Maratón. Como se recorre alguna zona menos residencial, hay momentos de menos jaleo, cosa que se agradece, para chequear si vas bien de ritmo, de pulmones o de piernas. Como esto no deja de ser una carrera de 42 kilómetros, empiezas a tener la sensación de que el ambiente tiene un poderoso efecto anestésico. No hay que embalarse, ya nos lo han dicho muchas veces, porque es muy fácil dejarse llevar por la euforia.
Por si acaso, el cantante del último grupo musical del barrio de Queens nos despide con un siempre estimulante: “Go, go, motherfuckers”. Estamos en Nueva York y esto es su Maratón.
Primer paso por Manhattan: If “easy” means 10 miles to go….
La sorpresita de la Carrera son los tres kilómetros del Puente de Queensborough. Aquí estamos solos, vuelve a soplar el viento y a apretar el frio y sólo podemos mirar a la derecha para ver Manhattan desde un ángulo distinto al que veíamos al comienzo. De hecho, lo que muchos hacen es salirse de la carrera para hacerse fotos. Pero aquí ya vas tomando conciencia de que esto va en serio. Se hace interminable el puto puente este. Quizás por eso, Manhattan nos recibe con carteles de bienvenida. Si fácil quiere decir que quedan 10 millas, bienvenidos a Manhattan, la parte más fácil. Y para demostrarlo, según vas llegando al final del Puente, se oye un estruendo, y si miras hacia abajo, verás de nuevo a cientos de personas a los lados de la calle, con globos y banderas, haciendo los honores, como siempre, gritando, a los corredores.
La primera visita a Manhattan la haces corriendo por la Primera Avenida. Esto ya es glamour en estado puro. Aquí no te dan trozos de naranja, pero gritan todos, eso sí. Aquí están los familiares de los corredores extranjeros, y se ven todas las banderas. Aquí es donde ves a tu familia, pero a partir de ese momento, no mires para adelante, porque tienes delante muchos, muchos kilómetros de calle, y se ven cabezas de corredores en la distancia, lo que es espectacular, pero tienes que llegar allí, el público está más lejos y ya llevas 28 kilómetros. Al menos algunos lo habían descrito muy bien “If a marathon was easy, it´d be called your mom”. Son ocurrentes, estos americanos.

Bronx: Cause this is my house…
El Bronx es el quinto barrio, y la visita es casi protocolaria, pero mereció la pena por descubrir al que era son duda el mejor DJ de la carrera. Rodeado de un grupo numeroso de fieles bailando, daban ganas de quedarse allí. “Venir a bailar esto, porque esta es mi casa”. Mira, en español también tiene su musiquilla.

Manhattan y Central Park: esto se acaba, o esto acaba de empezar
Enseguida entras de nuevo en Manhattan, por la Quinta Avenida, y ya sabes que te queda muy poco, aunque los kilómetros siguientes tienen una pendiente de lo más interesante. Una chica se ha colocado en un sitio estratégico con una cartulina que dice: “Hace cuatro meses esto parecía una buena idea”. A todo esto, no he mencionado que cada puente, y cruzamos cinco, trae de serie su cuesta. En fin, apretando un poco más los dientes, y gracias de nuevo al público, enfilamos una calle que debería ser preciosa si la haces paseando y descansado, ya bordeando Central Park Norte.
Poco a poco la concentración de gente es mayor, hay algunos hospitales y el personal médico y presumo que algunos niños enfermos están también en la calle. Sé que los que están saben lo que llevamos encima, y sus ánimos parecen muy sinceros.
A estas alturas, ya se puede hacer un análisis sociológico completo. Hay neoyorkinos (todos los que estamos allí lo somos) que animan en genérico. Aplauden, gritan las frases habituales.
Otros personalizan un poco más, dicen tu nombre al pasar, lo que viene bien, pero no tanto como el que se fija en ti con el propósito de empujarte con su voz, como los que acompañan a los ciclistas en los puertos. Bien por afinidad (los sudamericanos, cuando ven tu camiseta –un sacerdote argentino me dijo algo que no soy capaz de recordar pero que me pareció muy emotivo-) o por razones inexplicables, puesto que obviamente no te conocen, son los que se fijan en tu nombre, lo gritan y cuando miras, te dicen algo personal. Y por último, los españoles. Los que viven allí, son los que están fuera de las aglomeraciones, y los familiares de corredores, y a ellos los reconoces por el acento.
En estas reflexiones iba uno entreteniéndose cuando se gira la derecha para entrar por primera vez en Central Park. Ahora sí. Pero ahora el que grita y anima soy yo. Ellos y yo estamos igual de eufóricos y desatados, y yo desde luego tengo mucho que agradecer. Todos te hacen sentir el protagonista de la carrera entre 50.000. A los amigos y familiares en Madrid, siguiéndote en las redes sociales y en la web, también. Esto ha sido un diálogo, hemos corrido juntos, entre todos me han ido llevando a terminar mi cuarto Maratón.
Y mientras hago esos últimos tres kilómetros no me quiero olvidar de que hace justamente un año, estaba corriendo por esa misma calle de Central Park en sentido contrario, que me había quedado sin Maratón, y me viene a la cabeza que una de las razones por la que hago estas cosas es para conocerme mejor a mi mismo y con ello tratar de ser mejor. Y si he aprendido algo este año es que los sueños hay que perseguirlos, y con más fuerza cuanto más difíciles parecen, porque luego, cuando se alcanzan, compensa con creces los esfuerzos, los sacrificios y las renuncias.
Por eso, corriendo por la calle 60 y entrando de nuevo a Central Park por Columbus Square, donde unas horas más tarde me encontraría con Manuel e Isidro, arropado por los gritos, el ruido de los helicópteros, era la persona más feliz del mundo rodeado de las personas más felices del mundo.
El tiempo no tiene la menor importancia, aunque creo que hice una muy buena carrera. A lo mejor, si repito, ya me preocuparé de bajar la marca, o no. Pero me gustaría tardar en volver, para disfrutar todo lo que pueda de los recuerdos del Maratón de Nueva York 2013, en el que hice algo más que correr.

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28 de abril de 2013, 8:00, 2013 Rock´n´Roll Madrid Marathon

20 abril 2013

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El mismo lugar, la misma hora, la misma gente y más, los novatos y los veteranos, los de Madrid y los invitados, las mismas ganas y más, este año con nuestros lazos negros, nos vemos el domingo 28 de abril a las 8:00 en Cibeles, en la puerta del Ayuntamiento, en nuestro sitio para hacernos la foto de familia y juramentarnos.
Empieza el Rock´n´Roll Madrid Marathon 2013.

Keep going

23 marzo 2013

Tengo comprobado, desde que pasé a modo maratoniano, hasta qué punto te cambia la vida la preparación de cada Maratón.
Según se acerca la fecha de la carrera, la intensidad de los entrenamientos, la alimentación, las referencias de los compañeros, que andan igual que tú, la preocupación por las sensaciones de tu cuerpo…pasa a ocupar un lugar tan central en tu vida, que la adaptas en función del objetivo hasta extremos insospechados, o incluso interpretas en clave de corredor cualquier circunstancia.
Desde mi última entrada, casi todo lo más importante que tengo que contar está en relación con este way of life. Dos carreras, primero la siempre bien organizada Dos Leguas Fuente de la Chopera, reencuentro desde hace tres años con una de las pruebas preparadas con más cariño en la Comunidad de Madrid. Y debut en la Tragamillas, un agradable descubrimiento, una Media muy curiosa, distinta a la mayoría con una buena combinación de asfalto y campo, y en ambas como siempre con muy agradables encuentros con compañeros de afición. Las dos únicas pruebas de estos meses en el camino al R&R MM.

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También he tenido tiempo de visitar Vinilo FM, en el programa A tu Ritmo, gracias a la amable invitación de Luis, su director, a quien conocí en Leganés. Pero no era yo el protagonista, obviamente, sino que fui acompañando a mi hijo pequeño, también conocido en el mundo especializado como Gacelita de Pavones, insigne autor de las entradas más heterodoxas en el blog más heterodoxo del Club más heterodoxo. Una hilarante entrevista.
Nada sorpresiva por esperada ha sido la decisión de volver inscribirme en el Maratón de Nueva York 2013, para cerrar el año. Vamos a ver si hay suerte porque tengo esa espina clavada y no voy a parar hasta correrlo y cerrar esa etapa.
Y, por fin, la lectura del libro de Espíritu González, De patrulla con Filípides, en el tiempo récord de día y medio. Es muy satisfactorio comprobar cómo esta curiosa afición del correr va acompañada de la de escribir (cuántos corredores blogueros hay ¿por qué será?), y que al igual que se superan etapas con carreras de más distancia o en otras superficies, se dan pasos más allá de las entradas de un blog y se construyen obras de más magnitud para compartir con un público más grande.

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Bueno, también tengo vida privada…..La pasada semana, viaje relámpago de trabajo a Londres, en el que aproveché, mientras el resto de la expedición se dedicaba a algo tan prosaico como comer, o merendar, o lo que demonios se haga allí a esas horas, a hacer mi tirada correspondiente al plan de entrenamiento, y de paso, tratar de conocer algo de una ciudad que he visitado varias veces pero siempre fugazmente. Mereció la pena el sacrificio. Ese momento de carrera sólo para mí, en el silencio y majestuosidad de Hyde Park, anocheciendo y con la atmósfera brumosa típica de Londres, pasarán a formar parte del archivo de mis mejores recuerdos de estos años.
No sé por qué será, pero al final el círculo se cierra, pues todo me lleva al mismo sitio. Callejeando por la ciudad, tuve que preguntar a una ciudadana cómo se iba hacia Hyde Park. Era corredora. Esas cosas se saben. Por su fisionomía, por la forma de mirar de un corredor que viste de paisano a otro que está entrenando, por la manera de responderme, lo supe.
Una persona normal me habría dicho: “sigue por esta calle, llega hasta el final y tuerces a la izquierda. Si vas todo recto entras por Hyde Park Corner, allí lo tienes”. Ella no. Ella alargó el brazo, me señaló la dirección con la cabeza, y me dijo lo que necesitaba oír, no sólo para esa tarde, sino para los próximos meses. Sólo dijo: “keep going..…keep going”

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Enero. 15 kms. de Tres Cantos

2 febrero 2013

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Enero ha sido el mes en el que he comenzado a preparar un Maratón al que no tenía previsto acudir, el de Madrid. Tras el fiasco de NYV 2012, una especie de ansiedad se ha apoderado de mi, y en doc clicks, en cinco minutos, he fijado mis objetivos para todo el año.
Lo dicho, disfrutaremos de l Rock´n´Roll Madrid Maratón (así se hace llamar) y repito en Nueva York, aprovechando que SportTravel regala la inscripción a los damnificados. Finalmente, la organización ha decidido devolver el dinero o garantizar durante tres años el dorsal (en este caso pagando), una solución muy ventajosa para NYRR (que supongo habrán conseguido que las aseguradoras les devuelvan dinero), y con la que tratan de salvar la cara en estos dos meses de indefinición.
Lo de NYC, curiosamente, se ha convertido en una especie de obsesión, y como sé que no voy a parar hasta correrlo, he decidido no demorar más algo que antes o después hay que hacer.
Mientras tanto, y como corresponde a los periodos de entrenamiento, el número de carreras a las que asisto baja mucho, y con ello las entradas en el blog –afortunadamente para los lectores, si es que hubiera alguno-. Reconozco que no sigo las leyes de cortesía de internet y aunque leo todos los blogs, apenas comento pues el tiempo es muy limitado. Como algunos me siguen saludando, y otros me siguen contestando en otras redes, supongo que todavía son mis amigos…
La única carrera del mes ha sido los 15 Kms. Pedestres de Tres Cantos, una carrera para mi gusto prescindible por lo anodino, si no fuera porque coincidía en distancia con lo planificado en mi plan de entrenamiento, con un frío húmedo que se metía en los huesos, y, creo, exactamente 3 personas de público en todo el recorrido. En fin segunda y probablemente última participación.
Y una prueba nueva a la vista, el Maratest de Alcorcón, el día de los enamorados, justo el de la tirada larga. Es una idea tan buena, que no sé cómo se le había ocurrido mucho antes a alguien.

Empieza febrero, y seguimos corriendo.

Diciembre

1 enero 2013

Diciembre ha sido un mes para las carreras clásicas, una especie de hábito como lo suele ser todo lo que se hace durante las fiestas. Y aunque las tentaciones han sido muchas, este año sólo he participado en tres.

Uno: la Carrera Popular de Paracuellos, tan bien organizada, como siempre, como abandonada en lo que a público se refiere. Pero es una prueba para incondicionales que no defrauda. La disfruté bien escoltado por Toni, inefable Gacela, de charla durante los 10 kilómetros.

Dos: la inexcusable Carrera de Aranjuez, este año batiendo record de participación a pesar de que la organización insiste en que hay que ir a Aranjuez los días anteriores a recoger el dorsal. 5.000 corredores en una de mañana casi primaveral.

Tres: La San Silvestre Vallecana. Esta merece mención aparte porque se ha convertido en un fenómeno empresarial que no sé muy bien por dónde va a salir. 40.000 inscritos que se acaban en 24 horas (bueno, no para las mujeres). Bolsa de corredor incalificable. Una camiseta femenina más fea que pegar a un padre, y un cajón exclusivo para mujeres. Es una apuesta arriesgada pero muy fuerte no sólo para captar clientes, sino para incitar a las chicas a correr.

A la Organización le han criticado pero bien en su página en Facebook, aunque parece que la repercusión mediática perseguida por Nike sí que la han logrado ¿Que hablen de mi, aunque sea mal? Pero sin embargo, no sé si me lo parece a mi pero ha habido menos ambiente que otros años entre los corredores y en el público.

La puesta en escena ha sido muy selectiva (impagable el grupo a capella que retrasó 5 minutos la salida). Pero esto le da igual a Nike, que, por otra parte, vendiendo en un día dorsales por valor de 800.000 euros, puede hacer lo que le venga en gana con las camisetas, la bolsa del corredor, los escenarios y el avituallamiento, que la gente el último día del año, de momento, traga con todo.

Dicho lo cual, aunque a muchos este planteamiento no les apetezca, yo creo que para nosotros, que nos pasamos el año enganchados, terminar el año haciendo esta carrera es toda una declaración de intenciones para el nuevo año.

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Pero lo verdaderamente importante de diciembre no ha sido esto. Después de pasar mes y medio sin noticias por parte de la Organización del Maratón de Nueva York (hay que leerse también su muro en Facebook, y cómo les han criticado centenares de runners decepcionados por esta política de silencio), hace pocos días NYRR anunció que la solución decidida era devolver el coste de la inscripción o, a elección del maratoniano, no recibirla pero asegurar una plaza los próximos tres años. Pagando, claro.

Otros que se pueden permitir que la opinión y la satisfacción del runner se la sude, literalmente. La gente no va a reparar en gastos ni en agravios con tal de participar en estos eventos.
Sportravel nos ha tratado mejor, y puesto que tengo una espina clavada y como no voy a descansar hasta correr en NY, ya he hecho la prereserva para el NYC Marathon 2013. Qué narices. Y además, correré en Madrid el día 28 de abril. No es que me apetezca. Es que si no ¿qué cuento? ¿eh?

De correr el Maratón de Nueva York a correr por Central Park

13 noviembre 2012
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Lo cierto es que nunca me hubiera imaginado que esta crónica iba a ser de esta manera. ¿Cómo podía uno imaginarse que un huracán, en pleno mes de noviembre, iba a ser capaz de causar destrozos en una ciudad como Nueva York, hasta el punto de que iba a obligar a cancelar el Maratón? Bueno, pues estas cosas, como en una buena película americana de catástrofes, pasan. La mala suerte es que me ha pasado a mí. La buena suerte es que esto me obliga a volver.
Se daban todas las circunstancias favorables. 17 semanas de un entrenamiento muy intensivo en kilómetros. Tanto, que a quince días del Maratón una rotura en el cuádriceps casi me deja en tierra. Que me pasara en las semanas de tapering parecía un milagro, y con unas sesiones de fisio y medicación, listo para la carrera casi con la bocina sonando.
Un plan de alimentación que abracé con la intensidad propia de un converso, que me quitó 8 kilos y me dio una confianza tremenda.
Y, según todas las referencias que me daban, íbamos a peregrinar a la Meca de los corredores.
El lunes de la semana de autos pude ver por Internet la retransmisión en directo del huracán: una imagen fantasmagórica de una cámara, casi a punto de volar, que miraba el skyline, con el edificio de MetLife envuelto en lluvia. Es difícil creer que eso pase en un sitio como NYC, la sensación es de irrealidad. Pero quedaban seis días, no pasa nada.
Pese a las malas noticias (muertos, barrios sin luz, sin metro, gasolineras cerradas, manzanas anegadas, etc.) según pasaba la semana, el camino parecía despejarse. La organización aseguraba que el Maratón se correría, la agencia iba avisando de la apertura de los aeropuertos… En fin, que todo apuntaba a que el final en Central Park iba a ser el colofón de una aventura en la que, como en las películas de final feliz, sí, todos los problemas se arreglan al final.
No es fácil describir las sensaciones del viaje, en un avión lleno de corredores, con un solo tema de conversación.
Nueva York nos recibe de noche, frío, con muchas calles cortadas, con las noticias hablando de las zonas inundadas y barrios enteros sin luz. Pero en el Midtown, la mitad de Manhattan, donde está nuestro hotel, todo parece normal. Todo, salvo una grúa en lo alto de un rascacielos de más de 60 pisos que cuelga rota y amenazadora y que obliga a la policía a cortar dos manzanas.
Tras dejar las maletas, la primera visita es a Times Square, que en sí misma es un monumento al capitalismo, una declaración de principios de la sociedad norteamericana, creada para abrumar al que llega por primera vez.


El viernes está programado un rodaje de los corredores por Central Park, pero está cerrado. Desde fuera se ven muchos árboles arrancados de cuajo, y policía y operarios entregándose a fondo, así que corremos bordeándolo, más de cien españoles, que nos cruzamos con otros muchos corredores.
Después de la ducha, a la Feria del Corredor. Increíble cómo se puede manejar a tanta gente con tanta eficacia. No exagero que tendríamos delante de nosotros a dos mil personas, pero entramos a toda velocidad, y los trámites de recogida de dorsal son rapidísimos. A partir de ahí, a comprar.
Hay que tener mucho autocontrol para no sucumbir a la tentación. Sólo el stand de ASICS ocupa casi la mitad de la Feria. Y vaya precios. Pero también hay docenas de expositores donde se pueden comprar productos baratos, muchos en los que donar o comprar para ayudar a determinados colectivos (en el de los Bomberos perdí los papeles, he de reconocerlo) Allí todo parecía normal.
Tras dejar parte del patrimonio en la Feria, quedamos liberados para hacer turismo durante día y medio, hasta la carrera.


De Manhattan sólo diré que es fascinante. La gente es muy amable (al menos, a nosotros nos hablaban, preguntaban, nos ofrecían su ayuda para guiarnos) y el entorno está diseñado para impresionar. Merece la pena recorrerlo a pie, por barrios, con esa sensación de familiaridad o de estar metido en una película o en una serie de televisión.


Fue el viernes por la noche, al llegar al hotel, cuando nos dieron la noticia de la cancelación, de la que no teníamos idea porque nos habíamos pasado todo el día andando. Durante muchas horas tuve el pensamiento de que estaba soñando, y de que me iba a despertar y todo iba a volver a la normalidad.
Después de todos los sacrificios, del esfuerzo económico, el primer Maratón que se cancela. Y me toca a mí. A los cientos de españoles, a los miles de corredores de todo el mundo, nos iban a dejar sin correr.
Pues sí. Ahora bien, si yo hubiera sido neoyorkino, probablemente no habría querido que se celebrase. De hecho, todos los americanos con los que hablábamos nos decían que la decisión era la correcta, pero a destiempo. ¿Qué habríamos pensado si hubiéramos tenido aquí 106 muertos? ¿Y media ciudad semicolapsada por el agua y la falta de luz y de gasolina?

Por otra parte, imagino lo enormemente frustrante que hubiera sido el que nos hubieran avisado estando aún en España. Difícilmente habríamos comprendido, o creido, lo que estaba pasando.
Pero fue la presión de los medios, creo yo, lo que acabó por cancelar el Maratón. Pude ver un par de periódicos, y la agresividad contra el alcalde era  tremenda. En semana de elecciones, además. Sólo el argumento de no fastidiar a las 20.000 personas que llegaron de fuera de Estado Unidos hubiera sido válido para mantenerlo. Ahora la organización tiene un papelón ¿devuelve el dinero? ¿asegura plaza para los próximos años a los perjudicados? ¿Ni una cosa ni la otra por causa de fuerza mayor?
La agencia se portó con nosotros con una enorme profesionalidad. Recomiendo a cualquiera que, si ha de viajar a alguna carrera con Sportravel, lo haga con los ojos cerrados.
El domingo por la mañana los touroperadores convocaron a los corredores en Central Park. Cuando llegamos a la entrada de Columbus Circle, aquello parecía un aquelarre. Desde hacía ya un buen rato, miles de maratonianos estaban dando vueltas al perímetro interior del parque, casi 10 kilómetros, en un ambiente de euforia como el que sólo un corredor con hambre de asfalto puede tener cuando le sueltan por el circuito más famoso del mundo. A poco que se le parezca al Maratón de Nueva York, ya sólo por eso merece la pena vivirlo. Corrimos al lado de neozelandeses, japoneses, finlandeses,…en fin, gente de todos los paises, que parecía no acordarse de por qué había ido allí y estaba disfrutando de lo que más le gustaba, en la ciudad más fascinante de la tierra. Era una mezcla entre el ambiente de una San Silvestre Vallecana y la masificación de la Media de Madrid, pero en tamaño XL.


Varias horas más tarde, cuando pasábamos por el exterior camino de los barrios del norte para conocerlos, aún había corredores dando vueltas.
El resto del tiempo fue turismo. Pero el martes por la mañana, antes de volvernos, recién amanecido y a tres grados, salí a correr por el mismo circuito. Muchos otros habían tenido la misma idea, pero ya no era lo mismo, y yo ya estaba sólo. Era el momento que elegí para mí.
A lo mejor dentro de unos años puedo presumir de que estuve en la Maratón que no se corrió, y enseñaré la medalla que nos dieron para demostrarlo. Seguro, casi seguro, que podré presumir de haber corrido el Maratón de Nueva York, esta vez sí, y ojalá que sea el año siguiente.
Lo que me va a costar explicar son las sensaciones que uno tiene al correr por Central Park, una mañana helada de otoño, con un nudo en la garganta, dando gracias a Dios por estar allí y sintiendo el privilegio de ser la persona más feliz del mundo.

Carrera del CSIC, 21 de octubre de 2012

22 octubre 2012
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Cae esta carrera, una clásica imprescindible, en la Peek Week de preparación para Nueva York, y por eso, según el entrenador, una gran oportunidad para ver cómo estoy.
Por alguna razón relacionada con la insensatez propia de los corredores, el objetivo era hacer MMP (51 minutos), tras la tirada larga final del viernes, 32 kms., y si lo lograba la valoración que me correspondía era “muy bien”. Bueno, finalmente han sido 51:29, pero para mi como si lo hubiera logrado.
Por tres razones: al salir al final, y ser una carrera masificada (esta prueba está en su límite de capacidad, atascos en el recorrido, colas en el ropero y en la entrega de la bolsa…) podía haber arañado unos segundos más.
Dos: la Peek Week acaba con unas molestias significativas en el cuádriceps, espero que dentro de lo normal pero que me obliga a visitar al fisio para que no haya disgustos en NYC, que desaparecen a los 4-5 kms., pero que han afectado también al ritmo de carrera.
Y tres: las sensaciones no pudieron ser mejores, mi segunda marca personal y sin embargo no ha habido una carrera en la que haya ido tan sobrado.
Ha sido éste un entrenamiento muy distinto a los de los dos Maratones anteriores. Dirigido desde RunnersWorld por el triatleta Marc Hurtado, muchos, muchos, muchos kilómetros y pocas series. Como el objetivo no es hacer un tiempo demasiado ambicioso, el calor del verano y tantas tiradas de más de 20 kms. -y esas dos de 30- me parece que son una buena base no sólo  para el cuerpo, sino también para la cabeza, y la primera prueba de su efectividad la pude comprobar ayer, vamos a ver el 4 de Noviembre.
Confieso que tengo unas sensaciones raras. A veces, la perspectiva de pasar estos días en  Nueva York aparta, de una manera que me parece insensata, la idea de para qué voy principalmente allí. Cuando estoy entrenando, sé que voy a vivir algo único, lo más grande que le puede pasar un corredor. Y en el medio, los miedos y los nervios de los días previos.
Haciendo balance de estos cuatro meses de entrenamientos, concluyo que, modestamente, o no tanto, ya soy un maratoniano. No sólo por estar a punto de correr el tercero, sino porque como, bebo, descanso, pienso, hablo y vivo como tal.
Por cierto, leo todos vuestros blogs, todos, pero no puedo pararme a dejar comentarios: he vivido los 100 kms. Madrid – Segovia como si los hubiera corrido, las carreras de verano, las de montaña, la Roncesvalles – Zubiri, la preparación para Valencia.
La próxima crónica, desde la Gran Manzana. Atentos a esta pantalla y a mi página de Facebook.